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Mercé (escultura).





Mercé. Escayola. 88 x 27 x 23 cm.

Esta escultura la hice en clase de Jassans. Posiblemente es la mejor que haya hecho, me quedó muy clavada de proporciones y de movimiento, con bastante gracia.
Pero, como no, hubo un problema, y gordo. Estaba modelada en barro, y me gustaba tanto que decidí pasarla a escayola para poder conservarla. Hice el molde, que también era el más grande y complejo que había hecho hasta la fecha, pero lo conseguí hacer bien (manchando de escayola medio taller, como de costumbre). Ahora bien, ¿cual fue el problema? Pues no sé qué pasó, pero el jabón que utilicé para separar la escayola con que se moldeaba la figura de la escayola del molde no hizo efecto y la figura se quedó pegada al molde. Jamás me había pasado esto antes, así que aluciné. Y lo que es peor, tuve que pasarme horas picando el molde con cuidado para intentar rescatar la figura de semejante debacle. Y lo que véis aquí es lo único que se pudo hacer, la figura en escayola quedó super-tosca, pero al menos se pueden apreciar las líneas generales de lo que había sido el trabajo original.

A la postre ésta fue mi última escultura. Me gustaba modelar y no se me daba nada mal, pero lo encontraba demasiado trabajo para cada pieza (lo que complicaba simultanearlo con otras disciplinas), y una complicación el mover y almacenar los trabajos. Y, sobre todo, odiaba la preparación de las estructuras metálicas de base.
Pero bueno, como decía la película, nunca digas nunca jamás.

Actualización 24-I-2012.
He encontrado uno de los bocetos a carboncillo previos:

Boceto para "Mercé". Carboncillo sobre papel. 35 x 25 cm.

Homínido (talla).






Homínido. Haya vaporizada patinada con nogalina. 30,5 x 22 x 23 cm.

En ese ansia por probarlo todo y aprender todo lo que pudiera durante la carrera utilicé los ratos libres que me quedaban entre clase y clase a finales de segundo para probar en escultura, después del barro y la escayola, con la talla. Me recomendaron el haya vaporizada para currar y al final la encontré barata en Cornellá, dónde llené la indestructible maleta que tenía en aquella época con bloques de madera (pesaba un quintal la jodida).
Ya en el taller de escultura de la facul, pegué y prensé unos cuantos y me puse manos a la obra. Al principio costaba un poco, pero en cuanto le cogí el tranquillo ya iba a toda velocidad. Y al caso es que no sé si es que era un bestia, un manazas o que los materiales eran una ful, pero me acuerdo que los mazos los dejaba hechos polvo y que llegué a partir una gubia por la mitad ¡en la parte del metal! Jajaja, qué tiempos.
Ahora que lo pienso, esta talla coincide en el tiempo con mi ramalazo más expresionista en pintura, me pregunto si una cosa lleva a la otra.

Cabeza sonriente.






Cabeza sonriente. Escayola. 25 x 22 x 14 cm.

Mano.




Mano. Escayola. 9 x 30 x 19 cm.

Aquí y en el siguiente post cuelgo un par de esculturas que conservo de el verano entre primero y segundo de carrera. Como el modelado era el tema en el que andaba más pez aproveché aquella época a escaparme todas las mañanas a la Escuela de Artes de Logroño para hacer copias en barro de fragmentos de esculturas clásicas que tenían por allí. Y de paso aprendí a hacer moldes y copias en escayola.
Más adelante recuerdo que me llegué a hacer alguna copia de escultura a partir de fotos de libros.

Modelando con Javier Lozano.


Figura sentada. Arcilla. Medidas desconocidas.

En primero de carrera nos tocó una profesora de escultura con inclinaciones un poco entre happys y conceptuales, que según y cómo podía ser hasta divertido, pero para mí que no había hecho nunca escultura era como empezar la casa por el tejado, y el volumen la verdad que se trabajaba poco. Así que el día en que la gente se puso a jugar a balónvolea en medio de clase de escultura exploté y decidí junto con mi amigo Dani, cambiarme a un grupo en el que se hiciese modelado con barro. De este modo es como, superado el ecuador del curso, aterrizamos en clase del profesor Javier Lozano. Fue la primera de bastantes veces que me salté las “reglas-no-escritas” de la facul, con el fin de aprender, pasando bastante de formalidades y maneras. Consecuencias negativas: por un lado, y lógicamente también, nuestra decisión no le hizo demasiada gracia a nuestra profesora y, por otra parte, en la clase de Lozano el resto del grupo nos llevaba medio curso de ventaja, y Javier nos hizo empezar desde abajo; los dos primeros días nos los pasamos sudando la gota gorda para pastar barro casi seco. Consecuencias positivas: Aprender y disfrutar. Estuve en su clase durante el final de primero y también en segundo.
Hacíamos tanto bocetos como figuras acabadas. Lamentablemente no conservo ninguna, ni siquiera en foto, a excepción de la que pongo arriba... daría la casualidad de llevar la cámara de fotos ese día (ahora con las digitales es más cómodo). No sé si la hice en primero o en segundo de carrera.
Recuerdo que la última figura que modelé con Lozano la hice el doble de grande de lo que trabajábamos en la clase y la quería conservar, pero resultó que de tocha que era no cogía en el horno y también la tuve que sacrificar.

Actualización 25/07/2010.

Erica. Arcilla. Medidas desconocidas.

Revolviendo entre las fotos de obras destruídas o "tapadas" me he encontrado con ésta de la época de las clases de Javier Lozano. Si no me equivoco es precisamente la figura tocha de la que comentaba que no la pude cocer (y conservar) porque no cogía en el horno de la facul.